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jueves, 8 de diciembre de 2011

DIRIGENTES QUE NO DIRIGEN. Una reflexión de la falta de labor de los partidos políticos en el Peru



 El corto circuito que continúa produciéndose en el país entre quienes ocupan las posiciones de poder y el pueblo mismo, se agrava porque los dirigentes de los partidos van poquísimas veces, en realidad casi nunca o nunca, a las provincias o a los distritos para dialogar con los miembros de su partido y para informar en general al pueblo de lo que se realiza desde las altas esferas del poder del país o de la región, ni tampoco para explicar lo que piensa cada partido con relación a los temas que importan a la población. Menos todavía, a formar cuadros o a promover conversatorios en los cuales se pueda recoger inquietudes y canalizar las aspiraciones de los peruanos. En suma, ni forman, ni expresan la voluntad popular.

Casi ningún partido tiene locales abiertos en las capitales de provincia en el Perú, y en esa carencia también está incluida el Apra. En algunos casos quedan todavía, en las puertas de algunos inmuebles cuyas puertas están invariablemente cerradas, cartelones de lo que fueron los comandos de campaña para las elecciones, pero no están abiertos ni como lugares de debate ni de intercambio de información. Pasó el proceso y terminó la inquietud.

Los dirigentes partidarios trabajan poco. Estos forman parte de Comités Ejecutivos Nacionales y, por lo general, no visitan los departamentos ni una sola vez en todo el término en que se mantienen en el cargo. Lo mismo pasa en relación de los dirigentes regionales con relación a las provincias y con los provinciales respecto a los distritos. En el mejor de los casos se reúnen en su nivel de vez en cuando para emitir alguna opinión basada simplemente en su pensamiento o en lo que leen en los periódicos.

Para cambiar debería de obligarse estatutariamente a que los dirigentes nacionales viajaran por lo menos una vez al mes a una región y, además de su capital visitaran dos provincias distintas cada vez, y que los dirigentes regionales lo hicieran a la capital de cada provincia y a dos de los distritos en cada oportunidad. Además, esos viajes deben de hacerse con agenda en donde se dé espacio para que se promueva el debate y para que los mismos dirigentes puedan ir viendo a los jóvenes que tienen condiciones.

La falta de cumplimiento de esta obligación para con la democracia en general, debe sancionarse con la pérdida del cargo partidario si es que se repite en tres oportunidades en el año. Este es un rasero objetivo. Cada uno verá si su visita es fructífera o no, pero la presencia de dirigentes nacionales, regionales y provinciales en las 194 provincias del país va a ayudar, sin duda, a una política mucho más estructurada y le quitará la ilusión a los comodones que creen que basta declarar desde Lima para que hayan cumplido con su función dirigencial. Así empezaremos a reconstruir en serio los partidos.    

Alberto Borea Odria

Imagen tomada de internet
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viernes, 14 de enero de 2011

LAS ALIANZAS ELECTORALES Y LAS SACADAS DE VUELTA A LA LEY



Alberto Borea Odria

El distinguido profesor Gastón Soto Vallenas, propuso hace pocos días que se elevara la valla electoral a 7 % para evitar las alianzas electorales que se conforman no por coincidencia ideológica o programática, sino con el poco confesable propósito de mantener viva la inscripción. Muchos partidos se crearon en determinadas coyunturas y son rezagos de situaciones anteriores, por ejemplo, toda la fila de organizaciones que desde el poder procreó la dictadura: Cambio 90, Sí Cumple, Vamos Vecino, etc. o la propia UPP.


En realidad, la valla electoral es una medida adecuada. Evita la dispersión electoral y procura que en el país se puedan construir partidos que tengan un arraigo que les permita siempre estar en el lado de la seriedad. Cuando los partidos no tienen expectativa real de llegar al poder y de confrontarse con la tarea de gobernar y, por lo mismo, de dar cuenta de sus actos a la población, entonces proponen la mar de cosas disparatadas y con ello generan falsas expectativas o colocan en el imaginario público tópicos que son imposibles de realizar.

Por cierto que ello debe ser complementado con un desarrollo político adecuado con el fin de lograr que los partidos se involucren en la necesidad de formar cuadros que puedan participar con seriedad en el debate y ejecución de las políticas de gobierno, sean estas de nivel nacional, regional o municipal.


Sin embargo somos testigos de las alianzas más estrambóticas cuando se incorpora en alianzas que son arrastradas por partidos que tienen cierto arraigo, a grupos que aspiran, sobre todo, a mantener su inscripción a la espera de que les aparezca un líder que los saque del pantano en el siguiente quinquenio, sin que se sepa en realidad lo que aportan en votos en el proceso electoral.

UNA PROPUESTA PARA QUE LA VALLA ELECTORAL SIRVA DE VERDAD Y LIMPIE EL PANORAMA
Esto puede superarse fácilmente, instando a los partidos que arrastran a hacer un cálculo que ayude también al Perú. Si se exigiera 5% por cada uno de los integrantes de la alianza para que los partidos que la conforman puedan seguir viviendo después de las elecciones, tendríamos que los cuatro partidos que se han unido dentro de lo que llaman la Alianza por el gran Cambio, podrían desparecer. En ese caso, los más estructurados de ellos habrían pensado bien si valía la pena llevar el lastre de los demás. ¿Habría cargado el PPC con el Partido Humanista, o con el de Acuña? Lo mismo puede decirse de la alianza de Solidaridad Nacional. Si tuviera que llegar al 25%, que es lo que correspondería si se sumara 5% por cada uno de los 5 integrantes de la alianza, ¿se habría sumado a Cambio Noventa, o a la UPP?

Probablemente no. Esos partidos seguirán viviendo con respirador artificial en tanto que continúe con vigencia una norma que no alcanza el objetivo para el que fue creada.
De esta forma tendríamos que Perú Posible debería obtener, para mantener su inscripción, así como la Acción Popular y la de Somos Perú, el 15%. Solidaridad Nacional, el 25%, porque tiene muchos socios, la acuarela del PH, PPC, AP y Restauración Nacional, el 20%. Así sucesivamente. Caso contrario todos los integrantes de la alianza perderían su inscripción.

La otra posibilidad es que en el acuerdo del alianza se podría fijar que el primer 5% beneficia a un partido, si sacan más de 10% queda inscrito el segundo y si obtienen más de 15% un tercero y así sucesivamente.

De esta forma se evitaría que se le saque la vuelta a la ley y el Perú podría beneficiarse con la consolidación de bloques partidarios.

Esperamos que esa sea una modificación que aborde el próximo Congreso en el camino hacia la institucionalización del Perú.

Ilustraciones: Obtenidas de internet
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sábado, 18 de diciembre de 2010

USAR Y BOTAR: EL PRIMER FRUTO DE FUERZA SOCIAL


Alberto Borea Odria

La práctica cultura capitalista donde las personas tienen poco tiempo para sus actividades y donde todos en la casa trabajan, creo la cultura de usar y botar los elementos o las cosas descartables cundo el titular del bien y quien les saca provecho piensa que ya no le va a servir más. Como son cosas las tratadas de esta forma, no hay nada que reprocharle a los poseedores de los bienes.


Un poco más complicado, sin embargo, es cuando se trata de comportamientos políticos, porque ellos involucran a personas que a su vez han preparado proyectos y han soñado con ellos. Estas han comprometido su esfuerzo y han logrado que el colectivo que formaron, y especialmente sus dirigentes, alcances las posiciones que soñaron o aspiraron. Sin embargo, un buen día se les da con la puerta en las narices y reciben la notificación de que son prescindibles, de que lo que construyeron en común ya no les pertenece a ellos y que la ilusión de lo originalmente pensado y la razón por la que se esforzaron se esfumó.

Es difícil calificar el comportamiento de la denominada Fuerza Social a la luz de las coyunturas recientes. Si bien nació como una expresión especial de la denominada izquierda alejada de las tendencias más radicales que creen en el colectivismo o no le hacen ascos a los gobiernos de partido único y donde se señala en sus propios documentos que hay que utilizar el sistema para desde adentro cambiarlo una vez asumido el poder, con la prisa electoral de las elecciones municipales no tuvieron ningún empacho en aliarse y descansar organizativamente en estos partidos de esa izquierda que con más presencia en el tiempo por lo menos han desarrollado un pequeño esqueleto que les permite diseminar su mensaje en bastantes rincones del país a través de diversas instituciones que han ido creando en su historia.

Ese esqueleto fue con el que Fuerza Social y Susana Villarán decidieron contar para las elecciones municipales. Como no contaban con ningún barrunto de organización y tenían escaso respaldo del electorado, decidieron que esa tarea de cementación podrían realizarla mejor fletando al antiguo UNIR de Rolando Breña. Estos, efectivamente, cumplieron su tarea en la parte inicial del esfuerzo. Luego vino la salida de Kouri y el golpe de suerte. Los medios de comunicación, ajenos y enfrentados con Patria Roja clamaron porque salieran de la Alianza estas personas que tan útiles le habían sido a Villarán en su momento. Sin ningún empacho y con total cálculo electoral, la recién electa echó por la borda la supuesta carga pesada. Marcó distancias y prácticamente los convirtió, incluso cuando no había comenzado sus funciones, en parias del gobierno municipal ad portas. Difícil creer que ese fuera un comportamiento ético. Susana Villarán, que tiene décadas en la arena política no podía desconocer esto. Utilizó sin empacho esos activos de los comunistas y luego ha pretendido una asepsia que no se condice con su proceder.

Pero más difícil todavía ha sido pasar por ese cedazo a lo que siguió. Como para conformar una opción con alguna capacidad de aglutinación a nivel nacional requerían otra vez ese principio de organización, volvieron a llamar a Nílver López y sus huestes. Estos volvieron al redil del que los habían echado y se prestaron a unirse nuevamente a quien los había repudiado, para que nuevamente, después de llamarlos, los desdeñaran y desembarcaran.

En el país, donde quienes tienen la sartén por el mango siempre quieren ver lo que les provoca resulta que fue mejor aceptar la tesis que la señora alcaldesa fue sorprendida por estos elementos a los que supuestamente no conocía. Lo malo es que esa versión no tiene ninguna credibilidad. Susana Villarán se comportó, junto con esa supuesta izquierda moderna de Fuerza Social, de la manera más maniobrera, de la forma como posiblemente lo hicieron en los grupos políticos de los que precedieron en donde, fiel a las doctrinas comunistas, el fin justifica los medios, utilizando a quienes llevó como aliados para luego largarlos con cajas destempladas.

No es que alguien se rasgue las vestiduras por lo que ha hecho o que llame a sorpresa su proceder. Lo que verdaderamente rebela es que pretenda ponérsele vestido de seda a ese comportamiento que trasluce la forma como se sigue haciendo política en el Perú. No se trata en este caso de una virgen vestal, sino de una persona que siempre ha hecho política desde esos sectores donde todo vale con tal de llegar al poder. No ha habido ningún principio en consideración para la plasmación de esta conducta, ni ningún ejemplo a seguir en materia de buen juego político.

No tengo ninguna identificación ideológica con ese colectivo, con el que sin embargo coincidimos en la lucha contra la dictadura fujimorista y quienes hicieron con dedicación su tarea. Pero si aspiramos a que caída la autocracia, en el Perú se rompiera el pacto infame de hablar a media voz y que no se disfrazaran realidades en condescendencias que no ayudan a clarificar el panorama político ni a darle una verdadera identidad a las distintas opciones que se presentan en una sociedad pluralista.


Foto: Internet

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miércoles, 17 de noviembre de 2010

¿DEMOCRACIA Y VOTO IGUAL EN LOS PARTIDOS?

Alberto Borea Odría

Aristóteles decía hace más de dos mil años que no siempre la ley más perfecta es la mejor ley. Eso tiene que ver, sin duda, con que siendo esta un instrumento que pretende normar la conducta social, ha de tomar en cuenta la realidad sobre la que se va a aplicar y la idiosincrasia o realidad formativa de la gente que exigirá su cumplimiento y la que deberá de obedecerla.
Se repite a cada instante el lugar común de que en los partidos políticos la democracia interna se construye con la fórmula de un militante un voto. Ello no es ni correcto ni conveniente. Ello significa traspasar la realidad nacional que es global y obligatoria a la realidad de una organización de la sociedad que es voluntaria y parcial. Mientras que en la primera todos tienen que participar por imperio de la Constitución que define quiénes son los ciudadanos y cómo participan en el proceso de poder, en la segunda sólo participan los que quieren, los que se sienten afines a los postulados o principios, los que pueden ser fijados por ellos mismos.
A ser ciudadano se llega luego de haber transcurrido 18 años como parte de un país, donde, se le ha inculcado desde niño a través de la educación, de la historia y los valores nacionales, así como de sus aspiraciones. Para ser miembro de un partido, no hay tanta preparación ni tanta presión social. Una persona se inscribe en una organización de estas por los más variados motivos y normalmente allí comienza recién el aprendizaje de los símbolos comunes y de las claves de la convivencia en esa organización.
Los partidos se desarrollan con relación al resto de la sociedad en la medida en que sus miembros se esfuerzan por cumplir las diversas tareas que hacen que esa organización se distinga y convoque a su seno a otros ciudadanos. Para ello es necesario un desempeño calificado de quienes lo integran.
Si bien una persona puede inscribirse en un partido, ese solo hecho no le puede significar la igualdad con todos aquellos otros que tienen años en la organización, que han empleado su tiempo y entregado un gran sacrificio a la causa y se han integrado con los valores de esa comunidad parcial.
Es por ello que en un partido político debe, a mi criterio, establecerse una democracia con voto calificado. Podría, por ejemplo, establecerse que se lleven libros donde se registre la antigüedad del militante, los servicios que el partido ha reconocido a lo largo de los años y las posiciones que en esa organización ha ocupado, además de otros méritos o deméritos, y otorgar un plus por cada uno de estos factores. Así, quienes se inscriben solamente porque presienten que ese partido tiene opción en el siguiente proceso, o han sido llevados a esa organización por algún pre candidato con el propósito de inclinar a su favor la balanza de la nominación, no distorsionarán la voluntad de la organización.
Si los partidos han de ser responsables por los candidatos que presentan, hay que acabar con las propuestas fáciles. Hay que hacer una modificación de la ley de partidos y hay que dejar de repetir conceptos si antes no se reflexiona bien sobre ellos y las consecuencias que traerá su implementación.
Democracia interna, sí. Responsable, como la que el país le pide a los partidos. Entrismo y copamiento electorero, no. Porque ello desmorona las organizaciones que deben de erigirse en intermediarios serios entre el pueblo y el poder.     
  
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