

El mundo se mueve por dos claves fundamentales, la búsqueda libertad y de igualdad. Siendo estos los dos bienes esenciales del ser humano. Todas las revoluciones del planeta, en todos los tiempos, se han iniciado a partir de cualquiera de estos dos conceptos. La falta de uno de ellos, la sensación que el hombre tiene menos libertad que la que merece y que la desigualdad no es propia de su condición de ser humano, ha hecho caer regímenes de todo tipo, desde los monárquicos o los teocráticos hasta aquellos que se denominaban democracias populares.
Es por ello que un sistema democrático debe de ser eficaz y debe proveer estos dos bienes de manera tangible o reconocible por los ciudadanos del país. Con mayor razón si el sistema mismo enarbola estos dos valores como esenciales en la convivencia.
La estabilidad del próximo régimen pasará entonces por hacer que el bienestar económico que se va alcanzando como resultado de la incorporación del Perú al sistema económico mundial llegue a la sociedad de alguna forma.
Asimismo porque el próximo Presidente de la República pueda ejercer un liderazgo en la conducción de la colectividad que le de legitimidad en el momento en que explica los momentos difíciles que han de pasarse en el tránsito a una mejoría en la economía de los peruanos.
Un gobierno que sólo privilegie o de la impresión que privilegie a los sectores más favorecidos de la población no gozará de estabilidad y la posibilidad de protestas callejeras que puedan llevar incluso a lo que en América Latina se ha denominado como golpes de calle (como los sucedidos en Ecuador, Argentina o Bolivia) será cada vez mayor con el consiguiente deterioro de todos los índices del país.
En ese sentido, se va a necesitar una base organizada en la sociedad y que tenga capacidad de conducción, base en todo el país o en la mayor parte de él y que cuente con cuadros que puedan tener una idea clara de los fines del gobierno y de lo que se espera del comportamiento de cada uno. La mísitica partidaria, la idea compartida, el sentimiento de pertenencia y de desarrollar una tarea que tenga un reconocimiento histórico va a ser central en el proceso futuro. El problema de caer en un partido organizado es que se puede cerrar los espacios públicos al resto de la ciudadanía que no forma parte de la organización triunfante, sobre todo en un país donde las oportunidades no son muchas.
Por otro lado, el problema de los movimientos aluvionales es que al no tener organización, y especialmente atendiendo a quien figura como conductor del movimiento alternativo al partido consolidado, se recueste sobre la Fuerza Armada para hacer un gobierno con base militar similar en cuanto a sus estructura política al que desarrolló Fujimori, quien tampoco tenía partido, con el consiguiente problema de la creciente falta de libertades y de crecimiento grosero de la corrupción, con el problema adicional de convertir a los ciudadanos en individuos y de tratar de desestructurar la sociedad.
En suma, la segunda vuelta decidirá entre un país más o menos institucionalizado.
Las perspectivas para el Perú serán buenas en tanto junto con la tarea que haga el gobernante dentro de las líneas institucionalistas esbozadas, se pueda ir creando polos de desarrollo político en que sin la dispersión que se presentó en este proceso, pueda irse formando nuevos cuadros en toda la clase dirigente, entendiendo por ello a los empresarios, dirigentes sociales, intelectuales, periodistas, etc.
En ese sentido, como se señaló más arriba, las escuelas de formación política, en conjunto con los think tanks, podrán ser la tarea inmediata, necesaria y básica de los próximos dos años en el Perú de cara a poder presentar nuevos y renovados cuadros que, a todo nivel, permitan impulsar orgánicamente un Perú con futuro y donde el sistema político se deslice sobre la base de la razón.
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